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Yo, que nunca supe de los hombres, Jacqueline Harpman

Puede que esta extraña novela no tenga gran valor literario, aunque está bien escrita. Es decir, aunque tiene buen ritmo, no aburre jamás, va al grano, no engaña ni distrae, es sincera y limpia, que todo eso es buena literatura, no da sensación de vida, le faltan jugos carnita, chispa, etc. Pero sigue estando bien escrita. Y es interesante. Una novela de tesis, diría. Se lee con enorme facilidad.


40 mujeres son mantenidas en un sótano con las mínimas necesidades vitales cubiertas, pero sin nada más: ni libertad, ni intimidad, con los ciclos vitales del sueño y las comidas rotos a propósito. Es como si fueran cobayas, objeto de un experimento. Los tres guardias jamás hablan con ellas. Una, la protagonista, la más joven, ha crecido allí y tiene una mente inquisitiva y valiente. El proceso por el que adquiere libertad y dignidad es, repito emocionante. No solo el suyo, sino el de las demás. Porque resulta que...

Pero no cuento más.


Jacqueline Harpamn es psicoanalista. La lectura provoca reflexiones acerca de las condiciones del desarrollo, de la inteligencia, de la capacidad de superar obstáculos cognitivos que parecen insu


perables. También, en otro nivel, acerca de qué sea la libertad, qué la humanidad. Es aquí donde más emoción consigue, quizá porque a esta lectora esos temas la emocionan siempre. Psicoanálisis, antropología, filosofía... Un paisaje sugerente y misterioso. Podría decirse que es una distopía. Ciencia ficción. Preguntas.


Merece la pena de ser leído. Lo propuse para el grupo de lectura de la librería y la discusión posterior fue interesante.



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